jueves, 12 de julio de 2012

MI HISTORIA DEL MATE

Es temprano todavía, son las 7:09 de esta mañana, que de tan fría y humeda, me congestiona la naríz y no me deja respirar; me aísla del entorno porque me siento como en el interior de una esfera: sin aromas, casi sin ruido y si con un zumbido constante en los oídos… Me consuela saber que con el paso de las horas la congestión nasal irá cediendo y la esfera se ira desvaneciendo como una pompa de jabón brillante y tornasolada.
Por lo pronto preparo un mate y lo empiezo a disfrutar, aún a pesar de su sabor tan amargo, casi metálico. Sin embargo, me gusta y me estimula. Recuerdo que la primera vez que probe el mate, hace ya muchos años, me supo espantoso. Compré el saquito de medio kilo en la Española, que estaba en la calle de Juárez. No tenía idea de como se preparaba ni de que existía un traste especial para prepararlo. Ahora se que se llama mate al casito y yerba mate a la yerba. Bueno, pues llegando a mi casa hice una infusión y recordé que Leo, mi sobrino, me había traído de Argentina un mate de calabaza,  pequeñito, con bombilla y todo. Lo fuí a buscar al estudio, lo lavé y pasé el té por el colador. Al primer y unico sorbo que di,  fue un amargor tan fragoroso y metálico -como si me hubiera echado un un puñado de municiones- el que invadio la superficie de mis papilas gustativas que pensé que algo que sabe tan mal no podía ser bueno. Y hasta ahí llegó el intento con ese mate que se perdió en las profundidades de la alacena y que mi mujer deshechó años mas tarde. Del mate que me regaló mi sobrino, no se donde quedó la bombilla, a la que le achaque, en un principio,  el sabor a munición y polvora. No fué si no hasta mi primer viaje al cono sur que en una tienda de souvenirs de la calle Florida, vi que el dueño y la dependiente tomaban,  alternadamente, del mismo mate. Me quedé observándolos, pregunté y, después de una misteriosa explicación acerca de la mística de compartir el mate como una pipa de la paz, me dieron a probar y me enseñaron, además, la manera de cebarlo. Ya para esas alturas del partido, como no podía negarme a nada me vendieron uno de los mates mas caros que tenían y que aún guardo en mi estudio como constancia del aprendizaje… que se me fue convirtiendo con el tiempo en un verdadero gusto.