lunes, 11 de octubre de 2010

LA ELEGANCIA DEL ERIZO


Pensando, reflexiono en tantas cosas y creo que en la vida hay mucha desesperación y demasiado vértigo, cosas que nos hacen no sentirnos como personas, pero también hay algunos momentos de belleza donde el tiempo lo llena todo. Es como si las notas musicales hicieran una suerte de paréntesis en el tiempo y este se detuviera; otro lugar aquí mismo, un siempre en el jamás. Si, eso es, un siempre en el jamás, por eso, a partir de ahora buscaré los siempres en los jamases, la sencilla belleza de este mundo...

Este pasaje pertenece a LA ELEGANCIA DEL ERIZO, de la escritora Muriel Barbery, un libro que está escrito con una ligereza y una claridad notables. Alterna en su desarrollo situaciones llenas de humor con sensibles reflexiones acerca de la naturaleza humana a través de las escenas de la vida cotidiana que suceden en un edificio de Apartamentos en un aristocrático barrio de Paris. La protagonista, Renne, es una mujer madura que se encarga de la portería del edificio y que aparece como una mujer callada, en apariencia inculta y silenciosa; de esas personas que podrían pasar desapercibidas para todo el mundo, gente que no se ve o que no quiere ser vista pero que en su interior guardan un ser culto, sensible y con un espíritu capaz de conmoverse con una hermosa palabra, con las notas de una melodía clásica y que se puede extasiar ante la belleza de una pintura.
Confieso que me conmovió el final profundamente pero, ¡como te ayuda a entender la naturaleza humana y a valorar, de uno mismo y de los demás tantas cosas a las que no le damos importancia! Que forma de exaltar la belleza del idioma, de la música y  del arte, en general.