jueves, 23 de septiembre de 2010

AGILITY

Toy en sus primeras competencias




Hace algunos años practiqué un deporte de equipo donde la dupla éramos mi perro y yo. Se trataba de cumplir un recorrido, una pista de velocidad y precisión junto con tu perro: arrancar en la meta, brincar obstáculos, subir rampas, atravesar túneles, hacer pausas precisas, cruzar un slalom a toda velocidad y saltar muchas trampas en circuitos complicados que dificultaban el recorrido, siempre dirigiendo al perro de cerca o a distancia. Lograr ese entendimiento entre el amo y el perro no fue producto de la casualidad, fue todo un proceso de crecimiento y aprendizaje juntos. Había que improntar al cachorro desde el momento de la separación de la madre. Recibí al perro recién destetado y me convertí en su sombra. El perro dormía junto a mi cama desde bebé, solamente yo le daba de comer, solo yo lo acariciaba y jugaba con él, me convertí en su compañero y en algo necesario.
El entrenamiento formal empezó a los 4 meses haciendo con mi voz y mis movimientos señales digeribles para el cachorro. Jugar era parte de ese entrenamiento, como un premio. Mas adelante vinieron los comandos de sentado, de espera, de quieto… y así poco a poco iniciamos con los obstáculos de salto, los túneles, las rampas, etc… El perro, para entonces, había aprendido a confiar en su mi y no había nadie mas quien pudiera dirigirlo. En ese tiempo aprendí una cosa que me ha servido cada día: La vida es como el agility, después de un obstáculo, siempre vendrá otro, y otro, tal vez mas difícil, la clave es tener la confianza, la calma y la fe para sortear esos obstáculos.
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Ahora, después de muchos años juntos, Toy se ha convertido en un buen perro viejo, siempre atento a lo que hago en esa comunicación de miradas y actitudes, por que, a fin de cuentas, construimos una relación mas allá de la de un amo y su perro. Los dos estamos en paz...

5 comentarios:

FLACA dijo...

Me encantò esto que contás de tu perro. Tiene un no sé qué a mi Chiara, sólo que mi perra nunca me obedece y, como dicen mis hijos: "Mamá, qué mal educada la tenés".

Aunque no me haga caso,a mí me mima; al de platinada cabellera le obedece.

Creo que tu perro es de raza, comparte con la mía casi la forma, sí el color ése, amarillento, mi Chiara tiene el hocico mas fino. La recogí en la calle, la abandonaron chiquitita en una caja en la vereda de enfrente. Como lloraba de noche, también dormía al lado de mi cama, como lo hicieron mis hijos de bebés.Tal vez yo también debiera escribir sobre mi perra.

Gracias por tus saludos al Tata, estoy segura de que lo hiciste feliz.

Si empezás a juntar hongos en el bosque de tus caminatas, te envío las recetas que me envió Nani (de La casa encendida), cocinera famosa en Andalucía. Un saludote.

VUELVO AL SUR.. dijo...

Si, Flaca, este es un Pastor Belga Malinois que me regalaron desde bebé. Como era muy intenso y destruía todo, tuve que darle trabajo a través de este deporte.
Tengo dos de ellos, tres Border Collie y un STREETER, o sea de la calle. A este último lo recogimos siendo bebé con una pata rota. Lo recogí, junto con mis hijos, con la consigna de curarlo y encontrarle dueño. Seis semanas después, cuando pasaron a recogerlo para llevarlo a un rancho, no lo pudimos dejar ir. Ahora es un perro feliz y arrogante como si fuera de raza.

andal13 dijo...

Qué maravilla.
Adoro los perros, pero como la Flaca, a Sasha la tengo bien pero bien malcriada (es hija única!)

VUELVO AL SUR.. dijo...

Andrea, no es broma, alguna vez se me cruzó por la mente la idea de viajar en Jeep al cono sur, de esas ideas de pre-vejez que tiene uno, pero dicen que cruzar Centro-América es problemático por la inseguridad. Todo se quedó en proyecto...

Maria Coca dijo...

Este verano vi una demostración de tal deporte en Barcelona. Qué maravilla...

Y sí, debes estar muy orgulloso de tu perro. Son los animales más nobles que conozco. Qué bonito, amigo mío.

Dale una caricia de mi parte.