jueves, 23 de septiembre de 2010

AGILITY

Toy en sus primeras competencias




Hace algunos años practiqué un deporte de equipo donde la dupla éramos mi perro y yo. Se trataba de cumplir un recorrido, una pista de velocidad y precisión junto con tu perro: arrancar en la meta, brincar obstáculos, subir rampas, atravesar túneles, hacer pausas precisas, cruzar un slalom a toda velocidad y saltar muchas trampas en circuitos complicados que dificultaban el recorrido, siempre dirigiendo al perro de cerca o a distancia. Lograr ese entendimiento entre el amo y el perro no fue producto de la casualidad, fue todo un proceso de crecimiento y aprendizaje juntos. Había que improntar al cachorro desde el momento de la separación de la madre. Recibí al perro recién destetado y me convertí en su sombra. El perro dormía junto a mi cama desde bebé, solamente yo le daba de comer, solo yo lo acariciaba y jugaba con él, me convertí en su compañero y en algo necesario.
El entrenamiento formal empezó a los 4 meses haciendo con mi voz y mis movimientos señales digeribles para el cachorro. Jugar era parte de ese entrenamiento, como un premio. Mas adelante vinieron los comandos de sentado, de espera, de quieto… y así poco a poco iniciamos con los obstáculos de salto, los túneles, las rampas, etc… El perro, para entonces, había aprendido a confiar en su mi y no había nadie mas quien pudiera dirigirlo. En ese tiempo aprendí una cosa que me ha servido cada día: La vida es como el agility, después de un obstáculo, siempre vendrá otro, y otro, tal vez mas difícil, la clave es tener la confianza, la calma y la fe para sortear esos obstáculos.
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Ahora, después de muchos años juntos, Toy se ha convertido en un buen perro viejo, siempre atento a lo que hago en esa comunicación de miradas y actitudes, por que, a fin de cuentas, construimos una relación mas allá de la de un amo y su perro. Los dos estamos en paz...

miércoles, 8 de septiembre de 2010

HONGOS MEXICANOS


Esta vez quiero volver a escribir para esta querida comunidad de blogueros tan particular, a la que bautizamos algún día con el nombre de La cofradía del Sur.
Aunque hace ya meses que no he subido nada para compartir, no crean que me he alejado del todo. Leo con mucho interés los artículos de Andrea, siempre con ese fino sarcasmo que le da la vida cotidiana a quien la sabe ver así. Particularmente aprendí mucho con sus relatos sobre como conocer y sobrevivir en Uruguay , así como con su viaje al norte de Argentina (Relato que invita a conocer esos pagos). Disfruto mucho también con las ocurrencias de la Flaca, que nos llevan desde la flacurita a la feria de los domingos y de ahí al amor por su familia o a algún boliche donde se puede bailar o sufrir con un bolero. Casi podría decir que me he sentado a escuchar alguna de sus clases o que comparto su pasión por Brasil. De ella he redescubierto mucha de la música que me interesó en la adolescencia y, de su flacurita, me han llegado algunas recetas clásicas para hacer ragú o masa para Pizza… En forma diferente, leo también los poemas y relatos del Santi o los recuerdos del Tata y, así, se va uno metiendo sin sentir con esos amigos a quienes uno no conoce físicamente pero a quienes se agradece el espacio que a uno le comparten de este maravilloso cono  Sur.
Así es que en este regreso quiero escribir un poco sobre los hongos mexicanos (mejicanos, como escribiría la flaca), pero sobre todo, subir algunas imágenes, que he ido recolectando en mis paseos por los bosques cercanos a donde yo vivo. Algún día, tal vez pronto, pueda llevarlos a conocer, personalmente, algo de mi país.

Ahora es tiempo de lluvias aquí, y como esta ciudad  es la mas alta de la república mexicana (2,500 metros SNM), también es la mas fría. El verano, como época cálida del año, dura solo unas semanas. Sin embargo, vivir en un clima así es, a pesar del fío, muy agradable porque vivimos al pié de una montaña, rodeados de bosques, cañadas, barrancas, miradores y terrazas naturales.
Me gusta caminar por el bosque con mis perros y lo disfruto mucho, especialmente en esta época del año en que llueve toda la noche y el bosque desprende un aroms a tierra mojada, a la humedad que se va acumulando por debajo de la hojarasca y que da el sustrato ideal para el crecimiento de muchas especies de hongos que se desarrollan a los 3,000 metros de altura. (que muestro en las fotografías). Los hongos tienen muchas funciones en un ecosistema tan especial como realizar fotosíntesis para otras especies y reciclar la materia muerta. Son tan importantes para la montaña como la montaña misma. Los humanos las usamos además como alimento, como levadura para hacer pan, en la fermetación de vinos y cervezas y en algunos casos, tienen uso medicinal. Los hongos en México han tenido un uso ritual desde épocas prehispánicas ya que consumirlos era como la puerta de entrada al mundo de los dioses y aquel que los ingería podía participar de un ritual sagrado. Actualmente siguen siendo utilizados por Chamanes, gentes que habitan en la sierra, aislados de las ciudades y que siguen llevando a cabo rituales religiosos y ocasionalmente comparten esta experiencia con gentes que se acercan a ellos para vivir , en forma segura, una experiencia sensorial diferente, ya que las especies que se ingieren con estos fines tienen propiedades psicoactivas y en dosis mayores son tóxicas y pueden causar la muerte.. Quedan las imágenes que recolecté y que son mucho mas elocuentes que mis palabras.