jueves, 11 de junio de 2009

ANTES DEL FIN



Hace unos días, en relación al post de la Trilogía de Sábato, La Flaca me recomendó un libro: Antes del fin, del mismo Sábato. Me dí a la tarea de buscarlo, y para mi sorpresa, lo conseguí a la primera. Hoy empecé a leerlo, y en sus primeras páginas me encuentro con un relato sobre el inmigrantismo con que se formó la nación Argentina y su profunda relación con el tango. Siendo temas que me apasionan profundamente, los dos, comparto aquí el texto del gran escritor.

- Camino por la costanera Sur contemplando el portentoso río que, en el crepúsculo del siglo pasado, cruzaron miles de españoles, italianos, polacos, albaneses, rusos, alemanes, corridos por el hambre y la miseria. Los grandes visionarios que entonces gobernaban el país, ofrecieron esa metáfora de la nada que es nuestra pampa a todos los hombres de buena voluntad, necesitados de un hogar, de un suelo en que arraigarse, dado que es imposible vivir sin patria. Pero en su mayoría esos hombres encontraron otro tipo de pobreza, causada por la soledad y la nostalgia, por que mientras el barco se alejaba del puerto, con el rostro surcado de lágrimas , veían como sus madres, hijos, hermanos, se desvanecían hacia la muerte , ya que nunca los volverían a ver.
De ese irremediable desconsuelo nació la mas extraña canción que ha existido, el tango. Una vez el genial Enrique Santos Discépolo, su máximo creador, lo definió como un pensamiento triste que se baila. Artistas sin pretensiones, con los instrumentos que les venían a mano, algún violín, una flauta, una guitarra, escribieron una parte de nuestra historia sin saberlo. ¿Qué marinero desde algún puerto germánico, trajo entre sus manos el instrumento que le daría su sello mas hondo y dramático: el bandoneón? Creado para servir a Dios por las calles, en canciones religiosas de los servicios luteranos, aquel instrumento humilde encontró su destino a miles de leguas. Con el bandoneón, sombrío y sagrado, el hombre pudo expresar sus sentimientos mas profundos.
Cuantos de esos inmigrantes seguirían viendo sus montañas y sus ríos, separados por la pena y por los años, desde esta inmensa factoría caótica, esta ciudad levantada sobre el puerto, y ahora convertida en un desierto de amontonadas soledades.
Y al caminar por este terrible leviatán, por las costas que por primera vez divisaron aquellos inmigrantes, creo oír el melancólico quejido del bandoneón de Troilo.

jueves, 4 de junio de 2009

LA TRILOGIA DE SABATO


Estoy terminando de leer el último libro de la trilogía Sábato, ABADDON EL EXTERMINADOR (por que seguramente saben que Ernesto Sábato, el gran escritor Argentino escribió solo tres libros: El TUNEL, que fue el primero, HEROES Y TUMBAS y el tercero ABADDON EL EXTERMINADOR. Bueno, pues empecé a leer este tercer libro con muchas dificultades, me costó mucho empezar, saber hacia donde me llevaba e incluso lo dejé en dos ocasiones, para retomarlo en forma definitiva y devorarlo con profundo interés en una tercera. Lo mismo me sucedió con HEROES Y TUMBAS, lo empecé varias veces pero Sábato es un escritor complicado, no es fácil entrar en el libro, aunque una vez que te acepta, son de esos libros pasión, que te habitan, que no te dejan ir, que te hacen suyos…para siempre. También lo había dejado a héroes y tumbas, pero una tarde, de esas tardes melancólicas, después de mi primer viaje a Buenos Aires, en octubre de 2006, me entró de pronto una añoranza y una nostalgia profunda por estar allá…Sentí la necesidad de recorrer sus calles, de conocer el Parque Lezama y aspirar el aroma de esa ciudad que en ocasiones tiene olores a nafta y humedad, para cambiar mas tarde a carbón de leña y asado, para oler después a tabaco y vino…. Buenos Aires toda es un gran cenicero de aromas nostálgicos… Entonces, estando aquí, en México, envuelto por esa nostalgia de la ciudad, fue como empecé a leer, por vez definitiva HEROES Y TUMBAS y no lo solté hasta que me sacié de leer y re-leer muchos de sus pasajes.
Con ABADON EL EXTERMINADOR, me ha pasado lo mismo en cuanto a que no fue fácil empezarlo, sobre todo con el recuerdo de Héroes y tumbas. Este último libro, el que cierra la trilogía, es muy interesante también, enigmático como los anteriores. Uno de los protagonistas es el mismo Sábato que se mete en la novela y dialoga con la gente que lo persigue a raíz de sus dos novelas anteriores, gente que lo increpa y le reclama y gente que lo impulsa, por otro lado, a seguir escribiendo y a publicar sus novelas. Reaparecen muchos de los personajes de Héroes y Tumbas y El Tunel, aunque en forma aislada pero determinante. Aparece Bruno, aún como el silencioso espectador y confidente de Martín y del Mismo Sábato, como lo fue también alguna vez de Alejandra. Bruno es como el escritor mismo, observa a todos desde un estado de alejamiento. Es una figura enigmática, como tantas otras, pero de igual forma nadie sabe quien es, que hace ni por que está ahí. Un buen día reaparece Martín, el de Alejandra, pero no ya de 18 años, como cuando se fue a la Patagonia al fin de la novela anterior, si no de 33, cuando regresa y se reencuentra con Bruno y empiezan a recordar el nostálgico y triste Pasado. Martín no se ha quitado nunca el recuerdo de Alejandra, es algo que esta ya en el, debajo de su piel. Recorren juntos, Bruno y él, nuevamente el Parque Lezama y la famosa estatua de Céres, donde empieza Héroes y tumbas; la vieja finca, que ahora es el museo histórico y platican mirando los leones de bronce que están ahí desde épocas remotas. Una vez mas acuden al boliche de Brasil y Balcarce, donde tantas veces fue Martín con Alejandra. Toman café, vino y platican. Otros días van al Bar Británico, en defensa y Brasil. En una de esas ocasiones, en medio de la incredulidad y el desconcierto Martín busca desesperadamente a Bruno para contarle que Alejandra en una ocasión llegó, a media noche a su casa. Le pidió que se vistiera y que fueran a caminar, como antes, que quería platicar con el. Mientras él se vestía, sin saber si era realidad o sueño lo que estaba viviendo, ella encendía un cigarro y fumaba con la misma ansiedad de antes. Caminaron en la madrugada por las calles solitarias, rumbo a la boca, hasta llegar al puente grande que atraviesa el riachuelo. Entonces Alejandra, sin dejar de fumar, le preguntó si la quería, que era un error, un absurdo que la quisiera, pero que ella necesitaba saberlo, saber que el la quisiera, aún desde el lugar donde ella se encontraba ahora….de pronto sonó, en medio del silencio, la sirena de un barco a punto de partir….En ese momento, casi sin recibir respuesta, ella se alejó caminando por la calle Australia, rumbo a Barracas, perdiéndose en la obscuridad de la noche, al lugar donde Martín no la podría seguir….
Sábato, premio Cervantes en 1984 y probable próximo Premio Novel de literatura, nonagenario ya, es uno de los mas grandes escritores pertenecientes al Boom latinoamericano.

martes, 2 de junio de 2009

ESPACIOS COMUNES


Este post está seguramente motivado por el último post de La Flaca, MOVIMIENTOS DE MOUSE Y GOLPECILLOS DE TECLADO. (recomiendo que lo lean en http://lodelaflaca.blogspot.com/ ). Lo leí apenas ayer y no puedo negar que me dejó una grata sensación en el ánimo. Me doy cuenta de que hay muchas similitudes en percibir y valorar algunas cosas de la vida, tal vez las que tienen el sencillo valor de lo cotidiano. De alguna manera, esas pequeñas cosas son las que nos identifican y las que han contribuido a la permanencia de esta cofradía del Sur.
Después de leer lo que la Flaca quiso compartirnos me quedé pensando, aquí, en mi casa, en una noche fría y lluviosa también, en la primavera de mi sur… en cuales son los espacios de mi casa donde suelo disfrutar mi vida en familia. De tal forma que ahí va…
La casa tiene sus espacios a los que cada uno va dando un valor con el paso del tiempo, por las sensaciones y las vivencias que se van acumulando ahí. Hace dos días, haciendo un asado con unos amigos, simplemente como tema de plática, les pregunté cual era el espacio preferido de su casa, y me contestaron que su cuarto, donde está el televisor. Yo tengo muchos lugares en la casa que son mis espacios-pasión: mi pequeño estudio, (que ya he mencionado antes) donde guardo cosas sencillas como recuerdos de viaje; donde están los libros que me han alimentado el espíritu; las fotos de los seres que han pasado por mi vida, los que están y los que ya no. Esta, así mismo el bar, junto al living, a donde llegan los amigos y donde juntos disfrutamos de un buen vino, de una buena charla y de una buena música. La cocina es como el corazón de la casa, quizás el sitio mas cálido y concurrido del hogar, donde me reúno con mis hijos y mi mujer en los momentos cotidianos que han hecho nuestra historia familiar, donde los amigos y familiares mas íntimos llegan a formar parte de uno mismo, donde mi mujer transforma su cariño y su dedicación en cosas deliciosas, en aromas y sabores inimaginables, donde hacemos de la vida momentos profundamente humanos, un espacio común, una tregua en la agitación de la vida actual. Está también, dentro de mis lugares preferidos, en un rincón del jardín, lo que yo llamo MI PARRILLA. Ahí hay una barra que la separa del jardín, y dentro de ella hay un horno de leña que ha visto mi aprendizaje en la elaboración de pan, pizzas, piernas de cordero y de cerdo; pavos de navidad y muchas otras cosas que he convertido de comibles en incomibles y de comibles en disfrutables. Hay también una parrilla para el asado. Es aquí, entre el calor del fuego, el aroma a humo de leña, la música y el buen vino, donde he creado un entorno pasión, para disfrutar la vida, donde, si alguna vez mis hijos y mi mujer me recuerdan será seguramente aquí, con un delantal de parrillero puesto, una copa de vino y envuelto por la mezcla milagrosa de un buen tango haciendo algo que se tendrán que comer.
Un saludo a la cofradía y a todos los que quieran llegar.